martes, 12 de junio de 2012

Justicia de mierda, Vox Populi



En la calle lo oigo mucho y es mal síntoma para una sociedad que necesita creer en la Justicia verdadera. La experiencia de la tragedia se suma día a día sobre millones de personas.
En toda profesión es necesario adquirir el aval de la experimentación, para resolver de manera legítima la responsabilidad que conlleva el tratamiento serio del trabajo y un conocimiento esencial para llevarlo a cabo.
 
Con la cuestión de la Justicia es de temer que algunos de los que dictan sentencias estén muy lejos de adquirir ese tipo de experiencia inherente a la dignidad, para ser verdaderamente justos como puntales de una sociedad que necesita creer en la profesionalidad de los jueces.
 
Sin embargo es vergonzoso comprobar que, salvo honrosas y no escasas excepciones, la indignidad judicial de otros muchos no es del agrado de la calle ni de los ciudadanos que en demasiados casos la soportan. Vestir toga es de una ligereza que en el caso de algunos individuos debería someterse al dictamen del pueblo. Muy seguramente serían condenadas gentuzas inmerecidas de tal honor con el sano fin de frenar los abusos de auténticos canallas que detentan cargos de responsabilidad, victimando a la misma Justicia y siendo vergonzantes miembros de la judicatura que apestan a iniquidad, prepotencia moral y abuso prevaricador.
 
Algunos de esos jueces deberían pasar por la experiencia de que les asesinaran a un hijo; de que el banco les hiciera una trampa que propiciara acabar ante la justicia para ser injustamente desahuciados. Deberían de ser violados anal y vaginalmente por un grupúsculo de bestias y ser quemados vivos y atropellados hasta la muerte. Luego resucitar a ver si dictaban las mismas repugnantes sentencias dejando en indefensión a las víctimas.
 
Algunos jueces deberían sentir la matanza de sus familias, la amputación de sus miembros por negligencias; deberían ser contagiados de enfermedades dolorosas o ser víctimas de un error policial, apuntados por múltiples pistolas, encerrados en la cárcel para solapar el dislate e imputados con delitos falsos.
 
Algunos hijos de Satanás deberían sufrir el escarnio y la humillación de que un nauseabundo juez se ría de una dolencia de oído que sufre un encausado injustamente imputado. Deberían vivir en carne viva el estallido brutal de sus seres queridos en trenes reventados y sufrir la indolencia de los jueces para esclarecer la matanza. Deberían ser expropiados hasta las entrañas y ser humillados con todo un sistema en contra y conchabado para solapar el delito salvaje disfrazado de justicia. Ser saqueados, vilipendiados, asolados en el trabajo de toda una vida empresarial y anatemizados como si el Diablo tomara las riendas de lo político, económico, social y judicial, mostrando la verdadera cara de la manipulación rastrera tras la que se esconden aparentes honorabilidades que engañan a todo un país.
 
Algunos jueces deberían sufrir las vejaciones que imponen con sentencias que convierten este mundo en un revoltijo de intereses prevaricadores, con decisiones en manos de torticeros defensores de Satanás sobre la Tierra. Hipócritas y raza de víboras deberían morir en vida para volver a nacer con agonías insufribles, gracias a que auténticos psicópatas ejercen de corruptos, enfermos mentales, caraduras de catadura moral asqueante y que son respetados por llevar toga, siendo solo inmundicia sobre este orbe vil que hace que mucha gente se gane el cielo a pulso por cada una de las decisiones que ha de aguantar.
 
La experiencia es un grado y sería necesaria para que esos sonados sobrantes del mundo judicial, fueran tamizados y convertidos en desechos residuales de esta sociedad que ha de soportar tamaña malignidad. Así escupirlos y enterrarles con la cólera del pueblo que advierte esas ponzoñas legales.
 
Afortunadamente hay jueces que distan mucho de ser parte de este hedor que percibe la ciudadanía, harta de ser diezmada con inexplicables sentencias. Con suerte, alguna de esas basuras-que hay que detectar y separar de la gran profesionalidad de verdaderos jueces-un día puede pasar por esas tragedias que juzgan importándoles un bledo el dolor de los inocentes, entonces como víctimas de sus propias justicias se les enterraría para ganar imparcialidad en el criterio social.

Seguro que hay jueces que parecen una de esas diosas indias de múltiples manos de tanto que reciben para dictar sentencias amañadas.
Si se les pilla en la pútrida mezquindad de la prevaricación, de justicia verdadera sería cortarlas todas y aun así seríamos livianos en el castigo. En otras latitudes hasta se les corta la cabeza, como a una maligna Hydra.

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