domingo, 10 de junio de 2012

El modus operandi de Emilio Botín contra el empresario


Emilio Botín está por encima del Bien y del Mal. En realidad él es quien decide lo que es bueno y es malo. Muy seguramente compra las togas con las que algunos de sus esbirros se disfrazan de juez para dar el pego ése de la Justicia. Esa Justicia de la que sospecha todo el mundo con estos tiempos de crisis en que los poderosos arrollan a los inocentes explotados por una situación límite y generalizada.

El trabajo de juez, con el mal ejemplo de algunos sinvergüenzas, deja la Justicia con una credibilidad bajo mínimos ante el ciudadano. Eso es algo muy peligroso. Si dejáramos de creer en la Justicia quedarían justificados los asaltos contra los Tribunales. No habría orden público que pudiera contener las iras populares tomando con violentas algaradas los juzgados para imponer la ley de la desesperación y el hartazgo visceral. Más de un juez sería linchado, encontrándose en la misma indefensión a la que abocan con sentencias encadenadas a una mayoría de la población ante el peligroso destino del no tener nada que perder. El odio crece porque la máscara ha caído. Vivimos en una sociedad falsa donde nada es lo que parece.

José María Ruiz-Mateos no cree en la Justicia y es su convicción de hombre honrado que vio como un sistema criminal abrió sus fauces para engullirlo y lo dejó en absoluta indefensión, con un conchabamiento generalizado para disimular el crimen y continuar como si nada pasara. Pero sí pasó. La víctima advirtió el gran engaño y no quiso callarse. Sabe bien de los demonios escondidos tras las instituciones aparentemente democráticas. La Justicia de Dios existe, la de los hombres es una patraña. Bien lo sabe.

Hoy en día no solo Ruiz-Mateos posee esa certeza. Millones de ciudadanos miran con recelo a los que dictan sentencias. No sucedería nada si se descubriera esa falsedad y todavía pudiéramos disimular dejando que el sistema funcione aún conociendo sus carencias morales. El problema es que la desintegración social es un hecho y sabe dónde apuntar con el dedo a sus responsables.

Nos encontramos ante una espiral de despropósitos que podría dar al traste con la paz social. Los políticos y los sindicatos han destrozado la estructura económica de un país afectando, en última instancia, a la Banca.
Antes los bancos han exprimido a los ciudadanos, a los empresarios y los asalariados; han arrasado con los viáticos de toda una vida de trabajo familiar; han embargado viviendas, especulado con la existencia de millones de personas arrojadas a la ruina y han comprado almas con productos de estafa como los Valores Santander o las participaciones preferentes. Cuando los depredadores bancarios han sometido a la pobreza generalizada al país estando los activos tóxicos-fruto de la codicia inenarrable de gentuzas exprimidoras de toda la población- colapsando el mercado inmobiliario; cuando no hay futuro con la expectativa de quiebra de todo el sistema financiero, entonces se acude a un rescate de 100.000 millones de Euros que hipoteca el futuro de todos los españoles que ven reforzados a los principales culpables de sus dramas y son testigos airados de que se premian las criminalidades impunes. Los fortalecen para que sigan estrujando las vidas de quienes ya se temen que no pueden soportar más tanta malignidad, engaño, manipulación y la hipócrita condición política, económica, judicial y social que millones de personas advierten con absoluta indefensión.

Mientras tanto por los juzgados desfilan miles de ciudadanos tratados como delincuentes, cuando son las víctimas inocentes de este saqueo político al que ha estado sometido España durante los destructivos años del zapaterismo.

 A Emilio Botín le trae sin cuidado quien gobierne. Agradece las crisis sociales porque así no disimula el modus operandi de traicionar a proyectos empresariales que confiaron en sus contratos de crédito.

Nueva Rumasa fue víctima de estas artimañas acostumbradas por un parásito magnificado en su poltrona de poder. La Familia Ruiz-Mateos fue presionada para vender activos a muy bajo precio por debajo del mercado ya de por sí inmovilizado.  Obligaron a Nueva Rumasa a resolver deuda contraída antes de que se cumplieran los plazos estipulados por contrato. Cerró el grifo crediticio sobre el que se asentaba durante veinte años la gestión del Grupo empresarial.

La traición se consumó, asegurándose Botín de que además Nueva Rumasa apareciera, con peregrinas argumentaciones en tiempos de crisis generalizada, como culpable de sus propios incumplimientos.
Botín conoce el ardid de lo engañoso que luego vende como tramitaciones legales ante la opinión pública. Lo mismo podría pagar sentencias favorables que manipular  el ritmo de la información para beneficiar la especulación.

Emilio Botín, en realidad no sabe qué es el Mal y qué el Bien, no obstante ha obrado lo segundo solo si conviene a lo primero. Convierte la maldad en apariencia benefactora y las bondades en acciones criminales susceptibles de persecución judicial y condena generalizada de los medios de comunicación que ejercen su influencia para demonizar a inocentes. Parapetado tras la apariencia de una imagen de honorabilidad compra el Mal y vende el Bien, pero lo vende a traición; vende almas y especula con la existencia de los que confían en él.

Sus contratos de crédito se firman con sangre… la futura que succiona por sorpresa incumpliendo acuerdos de crédito que abocan a la ruina proyectos empresariales como ha denunciado el empresario de Otaysa, Santiago Gómez Pintado, quien harto de la apariencia de benignidad de la gente del Santander, ha denunciado la trampa de Santander Consumer que dio al traste con una empresa boyante que de la noche a la mañana fue arrojada al infierno del descrédito, el escándalo y la ruina. Bastó con incumplir los contratos de crédito de igual modo que sucedió con Nueva Rumasa. El mismo modus operandi de un depredador del esfuerzo ajeno que se enriquece a costa de la ruina de los justos.

http://www.eleconomista.es/flash/noticias/429587/03/08/Otaysa-demanda-a-Santander-Consumer-reclama-8-millones-por-cobros-indebidos.html

¿A cuántos empresarios pequeños y medianos, además de los grandes, han destruido con esas artimañas nauseabundamente traicioneras que machacan miles de vidas, de empresarios y trabajadores, con un solo cerrojazo injustificado?

Emilio Botín encontrará la horma de su zapato cuando muerto baje a los infiernos y descubra ensoberbecido y petulante que su dinero sucio no compra nada en el averno. El rico Epulón contará entonces las brasas de millones de Lázaros que arruinó con ayuda de esa justicia de lo humano que hoy a nadie le parece digna, estando latente en la calle el asalto al sistema antes de que el sistema acabe con la calle. Tiempos peligrosos vivimos y gente como Botín nos los gana a pulso.

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