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lunes, 25 de marzo de 2013

Joaquin Yvancos: Escribir un libro y escurrir el bulto judicial





     Una vez leído el libro La Familia ideal y en función de esa impresión final que deja la última página,  después de pasearme por los capítulos de esta biografía ágilmente contada, reconozco que podría haber formado parte de los miles de engañados que lo comprarán y creerán veraz su contenido. Sobre D. José María y su excepcional ingenio de gestión empresarial y financiera es muy fidedigna la información, vislumbrándose la tenacidad ante las adversidades que siempre fue estandarte de honor que el empresario ondeó frente a las muchas malignidades contra las que tuvo defenderse.

   Sin embargo, el Yvancos en cuestión que se conoce personalmente no aparece en ninguna página de esta obra editada por Espasa. La publicación oportunista pretende ser exculpatoria, pero la realidad supera a la ficción e Yvancos es solo una sombra proyectada de lo que esconde.


    A mí no me engaña porque lo conozco personalmente y no se me olvida la primera conversación telefónica que tuve con el mismo Ipad de Begoña, cuando al principio tuve que entrevistarme con gentes del conglomerado empresarial para ponerme en antecedentes y averiguar lo sucedido que condujo a la quiebra. Desde entonces mucho ha llovido y cada personaje de este enredo de codicias colectivas se ha quitado su máscara.

   Como dice D. José María, me hago el tonto pero a estas alturas deberían saber algunos que de tonto no tengo un pelo. Soy muy observador de las actitudes de cada personaje de estas tramas enmarañadas pero sé perfectamente con quien trato aunque no se me note. Mi objetivo es que D. José María  pague a los Inversores y no he variado un ápice mi trabajo en esa dirección, aunque sí hayan variado otros cuyas obras son deleznables y sin justificación ninguna.

  
    Por  entonces, el abogado estaba muy molesto con un artículo que había escrito sobre sus andanzas personales y Begoña le informó que podía decírmelo personalmente porque estaba a su lado. Después de una charla introductoria en la que dejé que se confiara, Joaquin Yvancos, muy seguro en sus ladinos modos, reía ufano, alardeando de que los hijos habían sido torpes dejando memorias USB en los ordenadores, cuando él siempre se había cuidado de no dejar huellas. Debía de hablar de propias fechorías pues me consta, en palabras del propio Sr. Ruiz-Mateos, que Yvancos hacía y deshacía con absoluta autonomía porque había depositado total confianza en su función jurídica.

    El oportunismo es una constante de un hombre que ha vivido arrimado a la sombra de D. José María, bien pertrechado de oportunidades propias, e  integrado en un equipo de trabajo donde el abogado tenía una inmensa capacidad para decidir sobre las gestiones de Nueva Rumasa, con manos libres para administrarse al margen de la dinámica empresarial y contemplando sus propios y especulativos intereses pecuniarios.

   
    El libro parece escrito por una víctima inocente de las circunstancias provocadas por agentes externos y ajenos, siendo él una endógena representación de nobleza personal, lealtad incondicional y profesionalidad estrictamente aplicada a la ley y el derecho que asiste a una persona que se dirige con paso recto y bien intencionado. Sus buenas maneras y la apariencia de integridad que le otorga ser público adalid de tantas causas abiertas contra la corrupción generalizada del país, pueden engañar a quien no le conoce o pretenda reconocer en sus palabras la honestidad de un profesional involucrado en irregularidades por atenerse a la obediencia profesional que no a la voluntad delictiva. A tenor de lo escuchado, de lo sabido sobre su persona, nadie de Nueva Rumasa ha negado el carácter oscurantista del que fue jefe jurídico del Grupo empresarial  y es recurrente la apreciación de que siempre fue un hombre que parecía carecer de conciencia, siendo capaz de todo por dinero. Ésa es la realidad contada por quienes lo conocieron en sus ardides y pretensiones que no estaban presididas, precisamente,  por encomiables actitudes profesionales como relata tan idílico ejercicio literario para mayor gloria, inmerecida, de su arribista autor.


    Con todo lo expuesto, sin embargo es una fehaciente muestra de la íntegra genialidad de José María Ruiz-Mateos, el único que compraba empresas sin dinero porque era capaz de que en el primer año se pasara de la quiebra a unos beneficios de 500 millones con una capacidad de gestión absolutamente deslumbrante.

   
    El hecho de que D. José María siempre dijera que no era ejemplo de nada y se considerara "un pecador", es atribuible a su gran humildad y modestia que jamás fue teatral. Esa humilde condición la aprovecha el abogado para dar a entender esos pecados que, lejos de ser tremendos, son una manifestación de sencillez inherentes a un hombre mayúsculo.Tremenda fue y es la brutal injusticia con que se cebaron sus aprovechados enemigos.

   
   Por lo mucho hablado con D. José María durante este tiempo acerca de sus más cercanos colaboradores, Joaquin Yvancos no es el benigno precursor de la lealtad y la amistad que describe en el libro. Es mejor callar sobre ciertas propuestas de negocio que el Sr. Ruiz-Mateos, sorprendido por las ocurrencias de quien traspasaba las líneas de lo permisible con tal de ver negocio, estuvo obligado a rechazar.

    
     No existe en la obra el Yvancos autobiográfico que se pretende siendo, en realidad,  una quimera de sí mismo, pero sí la percepción sobre el ingenio de un empresario y financiero que nunca dejó de luchar encomiablemente por lo suyo… y sigue buscando las soluciones para el problema de los Inversores que tal vez de carambola solvente 30 años de vergonzantes injusticias en España. Seguimos trabajando para sorprender a quien menos se espera un resurgimiento que podría ser históricamente recordado pagando lo que se debe.


  Una Familia Ideal es un libro para leer, recordando que nada es lo que parece y que el tiempo acaba por poner a cada uno en su lugar, por muy mojigato que uno se manifieste escondiendo los afilados colmillos de la depredación.






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