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jueves, 26 de julio de 2012

José María Ruiz-Mateos: La integridad al dictado, pese a la mala caligrafía de la Justicia

Es muy de agradecer la profesionalidad de los periodistas de Espejo Público y la atención dispensada a D. José María Ruiz-Mateos. Quien conoce a este hombre sin igual, íntegro, noble, capaz hasta la genialidad, luchador hasta lo inenarrable, sabe que merece la oportunidad de expresarse que durante décadas la Justicia le ha negado. Las circunstancias son duras, muy duras, inmerso en la tristeza que le provoca la tragedia de los pagarés,  pero se conforta en la fe que siempre le ha guiado y que hace de él un hombre alejado de la apariencia que le juzga; su verdad es inmensamente sencilla y heróicamente encomiable. No para de trabajar por solucionar las preocupaciones de tantos que son las suyas.


El sufrimiento de José María es el de un héroe cuyas fuerzas se renuevan por la convicción de su integridad personal. Puede mirar con la cabeza bien alta esta España donde nació para batallar con gentuzas que han llevado, finalmente, a todo un país a la ruina.

José María Ruiz-Mateos debe el sufrimiento a no pocos criminales de reconocimiento social. Un inmenso dolor somatizado desde la integridad de su espíritu hostigado contra la fragilidad de su cuerpo, debido a la cruel invisibilidad de sus acerbos enemigos que le procuraron todo tipo de suplicios con la mayor tortura de la indefensión; pergeñaron inmundas influencias contra el empresario preso de  la impotencia visceral y conocedor del amaño criminal de la Justicia. Los huele y lo denuncia: apestan.

Obligado testigo del equilibrio inexistente entre las obligaciones y los derechos legales, de la gran mentira orquestada como engaño permanente en una sociedad que vilmente le trampeó la existencia, pasó de ser empresario a convertirse en adalid incansable de los derechos confrontando con una vileza oculta de la que él advirtió pero que engañó a todos los ciudadanos. La España de hoy es la España de entonces al descubierto. Se permitió la villanía brutal de un expolio silenciado y hoy lo pagan todos sus habitantes. La basura de entonces que provocó un drama humano convirtiendo en criminal a una víctima, hoy se ceba contra el futuro y la esperanza de toda una población que entonces se creyó las mentiras de la expropiación de Rumasa. Canallas indignos se agazapan tras los estamentos y jueces corruptos cumplen las órdenes al servicio de sus amos.

A diferencia de sus enemigos cobardes, encumbrados en pedestales de conveniencia caracterizados por el latrocinio y el crimen oculto, José María Ruiz-Mateos se enalteció por el puro ingenio de sus dotes empresariales únicas. Su pecado fue ejercer su trabajo sin parangón en el país, por antonomasia, de la envidia.


Lo condenaron al ostracismo saqueando  un patrimonio de trabajo supremo, legítimo como grandioso, que unas alimañas se llevaron a punta de metralleta con una sorpresiva acción delicuescente que además el tiempo ha demostrado canallescamente hipócrita, reflejándose la pútrida realidad de una España malignamente dirigida. Este hombre de luchas titánicas con inteligencia superior, no cejó en el empeño de reivindicar el juicio justo que le hubiera permitido defenderse con  la brillantez que sus saqueadores temían. Por ello se demoró treinta años el juicio de la vergüenza española que implicaba a personajes de la política, de la banca, de la empresa, de lo judicial. Actualmente ningún juez se ha dignado a esclarecer el latrocinio de la expropiación. Cobardes y canallas."No tienen huevecillos, están castradillos"... así se expresaba con indignación Ruiz-Mateos sabedor de la gran cobardía de esos maestros del engaño tras los estrados judiciales.

De celebrarse el juicio histórico por la masiva canallada de la expropiación de Rumasa, se hubiera advertido la inmensa tufarada de mierda personal que albergan hombres en apariencia honrados, que son solo delincuentes, estafadores, criminales de apariencia honesta que se enriquecieron con la salvaje especulación del destrozo de miles de vidas trabajadoras, dignas y eficaces en la generación de riqueza.

Su triunfo es mayor que la miseria de los miles de adversarios cobardes. Después de litigar a contracorriente, con el tácito y silenciado acuerdo judicial de ignorar los múltiples logros del empresario por recuperar lo suyo, se vislumbraba el pago de tres Billones de pesetas por la tasación de las empresas valoradas en justiprecio. Hoy se le piden cuentas judiciales porque su Grupo Empresarial se malogró debido a diversas traiciones, quedando pendientes operaciones empresariales que no se pudieron finalizar. La víctima vuelve a ser tratada con desdén y se pretende denostar su nombre para escanio público.

El empresario advierte esa hipocresía de jueces que tratan severamente la problemática circunstancia del ahora, ignorando el brutal saqueo de RUMASA al que la Justicia hace la vista gorda a conveniencia, mostrando esa cara falaz que desmonta la respetabilidad de los tribunales y los convierte en monsergas para crédulos, para atemorizados y honrados ciudanos que ven cómo las togas se han convertido en los esbirros de un sistema falseado donde nada es justo e imparcial. La Justicia se ha mostrado en vergonzante evidencia y el empresario, con valentía permanente,  la etiqueta de teatro burlesco. Acaso conoce muy bien la predisposición de lo sinvergüenza en un país donde nada es lo que parece ser.

Cuando el empresario dice que no le quieren ni en las cárceles, es porque su ubicación ha sido la que le han intentado crear con el ninguneo de quienes podrían haber protegido sus derechos del mismo modo que le exigieron los deberes. Después de lo de RUMASA nada fue igual para este país de sinvergüenzas donde no pocos llevan consigo su porción de indignidad, aunque sean beneficiarios del lucrativo saqueo con el que se enriquecieron hasta muertos de hambre, infames, repulsivos, serviles muertos de hambre, hoy epulones donde pulula tanto Lázaro.

José María Ruiz-Mateos no puede creer en la Justicia porque ha visto las togas blanqueadas de inmundicias de parcialidad así como la prevaricación de todo un sistema judicial al servicio del oscurantismo, la mentira, de la hipócrita condición de magistrados que se escudaron tras la apariencia de la honorabilidad, para delinquir descaradamente y pagados por demorar la Justicia que el empresario merecía como derecho a defensa.

José María es unn luchador del alma en un mundo donde su nobleza no es moneda de cambio que él haya recibido, pleno en la destreza del negocio, de la creación de empleo, de la riqueza colectiva y siempre entregado a un denodado trabajo donde su ímpetu ha sido el norte de una grandeza que ha degenerado en la incomprensión y la persecución. Los genios no son aceptados cuando confluye con el prodigio del hombre, la infamia de los enemigos que usan todo tipo de trampas para frenar labor ajena, provocar la indefensión del perseguido y conspirar para que un nombre digno sea anatemizado en el lodazal de la burla pública.

José María Ruiz-Mateos es un personaje de dignidad superlativa en una España que ha terminado demostrando el simplismo, la intrascendencia, la delictiva trayectoria de los poderosos hombres que la moldearon, para convertirla en una amorfa abyección de corruptas inspiraciones que antes mostraron una canalla y criminal porfía por destruir a quienes no comulgaban con la miseria de la explotación a espaldas de una ciudadanía engañada política, económicamente, social y judicialmente.

Es vergonzante que los jueces llamen a declarar con prontitud por asuntos ajenos a su voluntad de integridad empresarial, cuando han dilatado treinta años el juicio de RUMASA, usando todo tipo de triquiñuelas legales para evitar que el empresario declare la verdad que haría tambalear los cimientos de  este país de la añagaza y la respetabilidad de personajes que solo merecerían el mismo linchamiento que depararon a un hombre de espíritu superior que tuvo que bregar con auténticos hijos de Satanás.

Esa doblez de la Justicia es tan evidente para el empresario que en su fuero interno solo puede respetar los criterios de su buen consejo que ya conoce demasiado bien el teatro montado de una Justicia esperpéntica y mezquina, como es la que no ha hecho nada para procurar un juicio justo al hombre peor tratado, con absoluta indefensión, en la Historia de España.

El tiempo pondrá todo en ese lugar de correspondencia que es la cosecha de las siembras. Quien haya escuchado hoy a José María Ruiz-Mateos habrá podido advertir matices de esa integridad , sinceridad y ejemplaridad como padre que nadie jamás le podrá negar. De ahí la sublime nobleza de un hombre que solo puede defenderse con la verdad que le dicta un magnánimo corazón.

Ignacio Fernández Candela

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