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lunes, 23 de julio de 2012

Canallas contra RUMASA del ayer, al descubierto hoy





Durante muchos años las instituciones españolas y los prohombres que las conformaban, nos engañaron acerca de la eficacia profesional, de las intenciones solidarias y constructivas, de la honradez de los criterios y de las obras que los acompañaban. Eran falsas apariencias de miserables.
   Nos hicieron creer que estábamos gobernados por quienes defendían Ley y Orden con las mejores condiciones democráticas que se habían desarrollado bajo bases estamentales saneadas, solventes y serias.

Treinta años después los payasos del circo español se han despojado de las máscaras y hemos descubierto que la credibilidad era una excusa comprada para encubrir los múltiples delitos que nos han precipitado finalmente a una ruina sin precedentes.

La pesadilla actual no es circunstancial. No debemos esta crisis a una modificación de las condiciones circunstanciales; en realidad debemos esta desintegración a quienes nos han dirigido durante treinta años, en la estafa, en el robo, en el saqueo, en el engaño, en la actividad delictiva permitida, matando y arruinando a la población con esa conveniencia de la superioridad moral tan propia del demonio de las codicias y de la estúpida vanidad que jamás se sacia ni de crimen ni de los beneficios obtenidos por el delito disimulado.

Hoy en día es evidente que F.G es un majadero culpable de múltiples latrocinios y de crimen de Estado. Si continúa en libertad y no rinde cuentas penales es porque la Justicia está tan comprada como el TC aparenta y los jueces son solo la prolongación de unas corruptelas que, aun emergiendo vergonzantemente, todavía pretenden ser respetadas por la imposición del miedo y la coacción.

Hoy es mucho más fácil entender el crimen de Estado que supuso la expropiación delictiva del Holding de Rumasa. Lo cierto es que una imagen vale más que mil palabras para intentar expresar la dimensión delictiva del gobierno socialista que llevó a cabo una expropiación canallesca de la que miles de ciudadanos sobresalientes se enfangaron, llevándose pedazos de la expoliación a cambio de aceptar la inmundicia cobarde del saqueo de RUMASA.

 http://es.scribd.com/doc/100456139/RUMASA-1961-1981-XX-Aniversario
    El tiempo ha demostrado que los que han dirigido nuestros destinos eran delincuentes, caraduras, basuras de renombre cuyas zafiedades y carencias han sido ocultadas a base de dinero público y compras de favores, entre los que se incluyen el asalto del Holding y la orquestada indefensión judicial a la que sometieron a José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada.

Exigir 18.000 millones de Euros por la indemnización del la delictiva intervención ha conllevado una ofensiva con la que se ha intentado desprestigiar, una vez más, su nombre. La apariencia engaña y los necios no dudan en echarse como perros rabiosos contra el brillante empresario. La Policía ha redactado un informe, destinado al Juez Pablo Ruz, que dice confirmar la falta de responsabilidad del empresario en la dirección y gestión de los pagarés emitidos para intentar reflotar Nueva Rumasa.
    Exculpar a José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada de la aberración de la estafa de los pagarés, es una condición natural de un hombre que siempre se ha dirigido con honradez en sus empeños, si bien fue consciente de que tuvo que lidiar con cobardes forajidos escudados tras las instituciones estatales para robarle su legítimo patrimonio.

Suerte tuvo la sucia España del felipismo de que José María fuese profundo creyente y noble providencialista, pues de haber sido otro el martirizado, seguramente se hubiera pagado un ejército de mercenarios para derramar la sangre de los culpables y teñir de sangre los organismos de Justicia y los muchos estamentos que se confabularon para llevar a cabo el crimen impune de la expropiación.

Suerte tuvieron los misérrimos protagonistas de las especulaciones salvajes que despojaron de toda una vida de trabajo el empeño honrado de crear decenas de miles de puestos de trabajo y generar inmensa riqueza al país.

España tuvo el privilegio impune  de machacar la vida de un empresario honrado. De otro modo ese privilegio se hubiera convertido en macabra hecatombe, a poco que el deseo humano de la venganza se hubiera vislumbrado después del latrocinio y la posterior indefensión tan descarada como pútrida por parte de esos miserables de la economía, la política, la banca y los medios de comunicación que obtuvieron sus buenos réditos por acción u omisión.
    Treinta años después descubrimos que en esta España víctima de tanto hijo de Satanás, José María fue víctima primera de engaños que han derivado en crímenes execrables y derramamientos multitudinarios de sangre obstaculizándose cualquier investigación en busca de la verdad.

Denunció la pútrida España del hoy el Ruiz-Mateos de treinta años atrás. Esa España nunca fue otra que la hedionda que hoy padecemos con toda la mierda al descubierto. Bien sabía de las tufaradas el empresario que defendió ingeniosamente sus derechos, sabedor de la trampa infame de un país envidioso y salvajemente  hipócrita.

La impunidad conlleva la continuidad del crimen pretextado, incluido el engaño de los ciudadanos. Somos cobayas en el campo de experimentación de las reacciones sociales. Semejante sumisión nos ha dirigido al abismo de incertidumbres generado, ya sin disimulo, durante 8 años

España va camino de una intervención programada hace mucho tiempo. De ahí la indefensión se haga lo que se haga por parte del cándido gobierno de Rajoy a quien han engañado con cantos de sirena para que terminemos ahogándonos todos. Hace tiempo que el país fue vendido y los restos entregados a la especulación. Igual que sucedió con el Holding de RUMASA, hoy la estafa es generalizada y los ciudadanos culpabilizados de la situación.

Suerte tendrán los responsables políticos si los ciudadanos actúan con la misma dignidad y noble actitud que José María Ruiz-Mateos, de lo contrario la sangre teñirá las calles porque no hay nada más peligroso que el hartazgo de un pueblo engañado y no habrá sitio donde se esconda la corrupción de la iras desatadas por la pobreza a la que está condenado un país harto de trileros.

Dios quiera que la única venganza sea la constructiva que mostró el empresario, de lo contrario volveremos a la Ley del Talión y ya se sabe dónde localizar a los culpables.

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