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jueves, 20 de marzo de 2014

José María Ruiz-Mateos es quien condena a la hacienda pública



El cinismo es algo repulsivo en la convivencia social. Hipócritas elementos que son perjudiciales para el prójimo, hacen y deshacen con permanente manipulación para que sus víctimas parezcan culpables ante los ojos de los demás. La práctica del cínico es deleznable, vomitiva, desgraciadamente eficaz y oculta una iniquidad que suele disfrazarse de aparente rectitud.

El hipócrita es un individuo dañino para la sociedad en que desenvuelve sus artimañas, arteras y repetidas en la consciencia insana del beneficio personal que propicia.

Luis Valls Taberner lo era, según los documentos existentes que lo demuestran. Felipe González vive de ello. Los dos expelen hedores y se les localiza, aunque uno de ellos ya esté en la tumba.

Pero ¿Qué sucede cuando esa hipócrita condición se extrapola hasta el punto de darse en una corrupción a nivel estatal, preponderantemente dañina para todos los ciudadanos e históricamente solapada para mayor beneficio del grupúsculo que se beneficia del engaño al máximo nivel social? ¿Qué clase de daño perpetuo se inflige contra la sociedad generalizada, cuando el cinismo y la hipocresía proceden de un Estado que termina siempre arruinando a sus ciudadanos?

Pasa que lo hipócrita se convierte en un arma contra la libertad y el derecho; el cinismo vulnera mínimas garantías en las víctimas de las que se aprovecha, encubriendo delitos mediante una inmensa maquinaria de ocultamiento sin vergüenza ni dignidad. En resumidas cuentas, se da un latrocinio estatal y se abandona a la víctima en absoluta indefensión jurídica para mayor gloria de los ladrones que disimulan el carácter criminal tras el omnímodo poder institucional.

Puede decirse que con la expropiación delictiva de Rumasa, la hipocresía, el destructivo y repulsivo cinismo se institucionalizó con rúbrica de Estado.

Treinta y un años después del robo de Rumasa y de la indefensión sin mínima garantía procesal, ahora la valiente justicia condena a José María Ruiz-Mateos por un delito contra la hacienda pública. Una cantidad apróximada de 4.4 millones defraudados que le condenan a casi 4 años de cárcel y a una indemnización de 10 millones de euros.

http://vozpopuli.com/actualidad/40370-ruiz-mateos-condenado-a-tres-anos-de-carcel-y-a-pagar-10-5-millones-de-euros-por-el-caso-waltari 

Qué paradójico y pestilente el contraste de condenar a una víctima de un latrocinio de 22.000 millones de euros, con intereses, por deber 4.4 millones al ladrón que aprovechó su inabarcable cobardía para escudarse tras la ley y embolsarse sin justificación legal 700 empresas más 23 bancos del Sr. Ruiz-Mateos.

Algo así sólo pudo suceder en España, demostrado el grado de criminalidad que es capaz de esconderse tras las togas cuando se perpetra un delito universal sin parangón en la historia de la Humanidad.Si  a Rumasa sumamos el 11-M seguro que tampoco vamos desencaminados. Cobardes, fulleros, ladrones y asesinos. La ristra histórica de choriceo que llevamos arrastrando tres décadas, para que politicastros desalmados negocien la impunidad de los desastres propiciada con el sectarismo en los tribunales.

D. José María ya sabe por experiencia y hartazgo moral lo que puede esperar de esa justicia un tanto tuerta a conveniencia.  De existir la verdadera, ya se hubiera condenado al Estado por mucha simulación que se pretenda e incluso destrucción de pruebas sobre el delito de la expropiación, aniquilación de cajas de documentos datados en 1987 acaecida en Mayo de 2013.

Evidencias para que la Justicia investigue y condene el expolio son sobradas:

1- D. José María Ruiz-Mateos fue exculpado de toda imputación en 1997, dejando sin justificación legal lo que fue el crimen de Rumasa que nos costó a los españoles 2 billones de pesetas. Luego, todo el beneficio repercutió sobre estafadores particulares.
2- La sentencia de Estrasburgo a favor del Sr. Ruiz-Mateos condenó al gobierno de mangantes felipistas, por aniquilar toda garantía procesal del empresario y financiero. Entonces la  justicia española no se subordinó a la europea. Pura conveniencia  como ahora, quedando en vergonzante evidencia los oscuros entresijos en algunos tribunales que excarcelan hasta asesinos de niñas y violadores. Extremos  contrasentidos que constatan la insanidad moral de algunos aún respetados por la sociedad que los soporta.

Treinta y un años, haciendo mutis por el foro toda probable dignidad aún no manifestada con esta estafa del Estado en tiempos del felipismo, son demasiados  como para soportarlo con estoicismo.

D. José María es quien  condena al estado español a devolver lo que robó impúnemente y sin justificación jurídica. Aconseja también la creación de ópticas especializadas, para aquéllos que no ven tres montados en un burro a través de esas lentes desenfocadas que llevan tres décadas usando algunos jueces.

La conciencia del empresario y financiero está muy tranquila:  las cuentas que no pagaba al Estado que le robó, las donaba en  obras benéficas y sociales. Mucho mejor aprovechadas que dándolas a exigentes despilfarradores que después regalaban 500 millones de euros para un metro en Saigón o esquilmaban nuestras reservas de oro. Ésos son los que deberían estar encarcelados junto al mísero que saqueó el 10% del PIB, siendo el 2% perteneciente a RUMASA.
   Pagando a los Inversores se demostraría la honorabilidad que les falta a tantos respetados delincuentes de este maravilloso país tomado en ocasiones por desalmados. En ello estamos.

Sin duda que hay magníficos jueces con la vocación de la Justicia prescindiendo de la inspiración de la prevaricación protegida. Seguro que sí y loado sea Dios. Pero hay otros que son evidentes, así se disfracen de santos. Total, en carnavales todo el mundo se disfraza de juez y da el pego. Como la vida misma.

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