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jueves, 8 de octubre de 2015

Un mes desde su marcha, permanecemos con él

TRIBUNA

Querido José María, el día llegó. Tu Madre y tu Padre a tu lado, batallador por la Justicia, ahora sabes más que lo que aquí vemos. Seguro que hay un significado para todo y es virtud eterna conocer la razón de tanto sufrir, allá donde estés.

Tu propósito fue darlo todo después de que se restara la vida en múltiples aspectos: esa agonía del alma que tu cuerpo rezumaba, con el dolor silencioso que cargaste estos últimos años como una pesada cruz sabedor de que la fuerza vital te abandonaba por el estricto juez del tiempo en circunstancias desesperantes. Asumiste las consecuencias de una depresión absolutamente disimulada que no dejabas que te venciera firme y disciplinado ante la mesa del despacho, cuando no postrado de dolor en la cama, trabajando las posibilidades como reducto de esperanza para asumir el compromiso de pagar lo adeudado por una trampa que de bruces te encontraste en lo que pensabas tu retiro. Sé que tu espíritu no desfallecía aunque percibías con impotencia que la luz se apagaba en esa lucha contrarreloj que nos llevó por despachos de presidencias de bancos a buscar las soluciones; durante casi tres años extenuantes de asistir a las interminables reuniones, combatimos; me llamabas de madrugada y acudía sin horarios, sin fiestas de guardar ni domingos. Solo importaba pagar a los Inversores y no existía ni tiempo ni espacio que fuera a quedar desocupado si tu ingenio ya mermado lo requería. Pese al Parkinson y la desintegración de tu ser aplastado por la obligación moral para seguir exigiéndote esfuerzo, con el horror callado de asumir compromisos solemnes por ajenas responsabilidades cada día te levantabas adoctrinado en sacrificios... ya ves, ingrato destino, cuando ya pensabas haberlo dado todo para que otros tomaran tu testigo.

Vivimos demasiado en aquellos días de trinchera y batalla cotidianas, públicas y privadas como tu portavoz. Tal vez más duras las privadas que las públicas. A espaldas del mundo y frente a la adversidad de las falsas apariencias tú eras tan grande y yo tan inesperado que tu confianza me otorgó el privilegio de bucear contigo en la inmundicia de las mentiras silenciadas para batallar por una verdad reivindicada hasta la extenuación. Tú no parecías cansarte pero, cuando te arropábamos en el descanso del guerrero, veía el ser valiente que lo había sacrificado todo por nada y si era la voluntad de Dios, Amén. Desde el primer momento en que nos conocimos no dio tiempo a reflexionar sino a actuar. Así se nos unieron las vidas cuando me pediste, tú héroe, luchar contigo frente a todo. Solos, a ti ya ni te consideraban sino como simple anécdota de guerrero vencido con una historia que contar, siendo yo el acompañante de las horas perdidas.

Estoy seguro de que tu familia te quiso y te admiró pero también que la echaste en falta cuando más la necesitaste. Cargué felizmente con el privilegio de tu confianza para cubrir una inmensa soledad y pasé a ser blanco de odios y humillaciones tal cuál los recibiste tú durante toda una vida. No necesitaste de mí un relaciones públicas sino un sólido defensor que conocía las verdades que en este país se callan con hipócrita convicción de justicia. Bien lo supimos sin resignarnos, tan falsa. Como pude y apabullado frente a la indiferencia que tantos habían ejercido ante tus legítimas reivindicaciones, monté en esta montaña rusa de tu vida y supe del vértigo que padeciste con absoluta dignidad. Eras exigente e implacable pero, al término de cada jornada, si el sufrimiento moral te daba tregua mostrabas al hombre desconocido que sonreía como un niño y dejaba asomar sus lágrimas sensibles colgado el uniforme de campaña. Te animaba en cada momento entrañable cuando en la soledad de Alondra 2 se mostraba el hombre de mundo en confidencia, acaso dándose a conocer más allá de la defensa personal que ejercías ante todos, sorprendido por tantas severidades después de entregarte sin límite toda una existencia de lucha contra brutales desmanes políticos, financieros y jurídicos. "No se preocupe, Usted ilumina el horizonte y habrá camino. La verdadera Justicia ha de brillar. El tiempo pondrá todo en su sitio y mostrará su inocencia tal y como yo la conozco pese al marasmo de lo aparente".

"Dios nos guarde de acomplejados; de seres erráticos y descompensados de emociones difíciles que se enfundan una toga para juzgar al prójimo. Más de un inocente será víctima de la miseria personal que disfraza la judicatura y habrá más deseo de creer en la justicia divina lejos de la indecencia de lo terreno". En esa Justicia imperativa que todo lo ve creías tú sin desmayo y dejándolo todo en manos de Dios. Cuanto más perjuicio provocó la falacia del discurso religioso que te llevó a la trampa de la expropiación, más te volcaste en depositar tu existencia en lo divino siendo considerado por tantos ignorantes un demonio. Mayor mérito a tus convicciones, tú nunca pudiste olvidar pero siempre perdonaste todo mal cuanto fuiste vilipendiado y expoliado por delincuentes con fama de honorabilidad y arrojado a las fauces de la indignación popular tan engañada.

Severidad y firmeza fueron la constante y en otras ocasiones la amistad y la confidencia. Con el trabajo extenuante frente a todo embate y dificultades, llegaba el día inopinado en que volvía a encontrar al amigo que comunicaba aquello que decía no haber dicho nunca y nos despedíamos cuajada la esperanza de que el duro trabajo y una vida plena de sacrificios tendrían compensación, siendo reconocido en ese escenario que la existencia te obligó a convertir en un circo para que nadie olvidara la delictiva expropiación de Rumasa siendo exculpado en 1997 de toda imputación.

¡Cómo te conocí realmente en los momentos de tregua!, aunque al día siguiente te manifestaras implacable en las formas y en el fondo, no obstante la vida nos unió para entregarnos sin reserva pública ni privada para erradicar el drama de los tenedores de pagarés. Seguí tus directrices, me delegaste poder de decisión y me confiaste el peso de las responsabilidades para representarte ante todos con la misma solidez que demandaban las extremas circunstancias de tus luchas históricas. Me enfrenté a todo por lealtad a la sapiencia de tus voluntades y la magnífica concepción que como padre has representado para todos tus hijos. Eras un héroe histórico que, aun atravesado por decenas de venablos, siempre sacaba fuerzas para decir que estabas en forma y dispuesto a seguir combatiendo... así dabas excusa a la saña de tus cobardes y envidiosos enemigos que justificaban en la mentira los ataques continuados. No había piedad contigo, ni la necesitabas. Pocos hablaron en treinta vergonzantes años a tu favor presos de cobardía e incomodidad, así que no era extraño que gruñieran las mismas alimañas que se callaron antes de que en 1997 te absolvieran de toda causa que propició la cobarde, ruin e ilegal expropiación de tu magnífica obra Rumasa, legalmente establecida y económicamente compensada creando casi 100.000 empleos directos en España y 300.000 indirectos. Las vergüenzas hipócritas e históricas de la reciente España eran de muchos, no de ti.

Trabajador férreo sin otra afición que dar lo mejor de ti para los demás, viviste con las mieles del triunfo por lo cosechado y la hiel de la traición por parte de muchos que se aprovecharon de tu infatigable tesón y genio empresarial como financiero. Un Ave Fenix irrepetible en la perseverancia contra las dificultades extremas. En este patio de recreo efímero, con infantes trampeados por el tiempo que ve crecer a los cretinos, tú fuiste más ingenuo y noble que las circunstancias en la que bregaste confiando en tus futuros enemigos, entonces casi hermanos de sangre, y de ahí te llegó la puñalada incisiva.

A contracorriente libraste una guerra con la taimada corrupción generalizada de un país donde muchos se enriquecieron, sin ninguna justificación legal, con tu Holding trabajado duramente con la inspiración de un ingenio único que los recelosos por envidia convirtieron en malas artes y ventajismo. Viste resentida tu salud por uno de esos misérrimos factores que te engrandecieron cuanto más te dañaron: la mentira sostenida para ocultar la verdad de la razón en tus legítimas denuncias. Al final pudo contigo terrenamente y aún te quedaba mucho por decir.

No voy a creer que de nada sirvió explicar, responder, sincerarse, argumentar con pruebas, aunque tu impulso fuera alentarse por el ímpetu de tu corazón compungido pero firme que se mostró deteriorado por la injusticia cometida contra ti. No se te perdonó tu pundonor, el calibre de tus resistencias y la eterna disposición a que se hiciera Justicia verdadera. Tu voluntad fue histórica y permanente, tu salud condicional.

Lloramos muchos tu marcha, quienes te conocimos más allá de la vil apariencia, pero no queda solo el recuerdo de la sombra que en aciagos días se cernieron sobre ti . En este capítulo te marchas pero una historia no termina cuando busca otros horizontes magnánimos su protagonista. Queda por ver la realidad de las siembras y el final de las contiendas frente a los embates del destino. Otros tomamos el testigo pidiendo a Dios que las semillas den fruto porque estos últimos años de tu vida peleaste como desde los primeros. Aún está por ver si conseguiste tu propósito para verlo allá donde estés, allí donde saben lo que aquí se oculta y saben bien quién eres.

En nuestro último abrazo apoyaste tu mejilla junto a la mía. Guardo esa caricia en mi alma hasta que nos encontremos de nuevo. En tanto aquí sigue la lucha aun variando las circunstancias que hoy te quieren en Paz y lejos del mundanal embate de las hipocresías sostenidas Hay que batallar porque se cumpla tu voluntad de pagar a los Inversores y aunque sea difícil, imposible, me llamen loco, payaso o me lleve las iras que acumulaste de quienes te creen el culpable de sus desdichas, aunque rabie el infierno digo que tus amigos procuraremos que sea así según lo ya sembrado.

Con el corazón en Gratitud por haberme dado la oportunidad de conocerte; agradecido por batallar con un héroe sin conocer y mejor padre, siempre tu amigo que te admira y quiere, como tú me llamabas, Nacho.

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