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martes, 28 de abril de 2015

D. José María Ruiz-Mateos, el único por quien doy la cara




Han sido unos años intensos al lado de un amigo histórico con el que he bregado en innúmeras batallas del día a día con unas condiciones adversas absolutas.Mucho tiempo de confidencias, de lucha, de trabajo sin descanso, de impulsos de coraje para afrontar unas circunstancias brutalmente radicales enfrentándome a todo tipo de dificultades y gentuzas.

Lo diré siempre, solo doy la cara por él. A petición de D. José María me embarqué en esta batalla con el objetivo de que los Inversores recuperaran su dinero y se comunicara masivamente el gran engaño del Estado español que robó, con el deleznable felipismo, 18.000 millones de euros en retasaciones a un empresario y financiero que fue exculpado de toda imputación en 1997 sin que se le devolviera nada.

Luego, los sucesivos gobiernos ocultaron la criminalidad estatal y anatemizaron al perjudicado. Malnacidos todos.No ha habido ninguna institución decente en España desde entonces. 

En las altas instancias cometieron toda clase de delictivas componendas, para luego dejar que el propio curso de la ley siguiera como si nada hubiese sucedido. Nadie se molestó en resolver un evidente latrocinio cuando el empresario fue exculpado después de haber pasado una etapa de calvarios injustificados.

Al contrario y siguiendo la repugnante complicidad silenciosa en este país de embusteros criminales y canallas, la Justicia ha congelado las resoluciones de sentencias favorables a la devolución de lo saqueado en tanto crucifican al empresario por haber evitado pagos a la Hacienda pública, ¿del mismo Estado que le expropió decenas de miles de millones de euros ilegalmente para vergüenza de esta España plena de mentiras históricas? Bazofia cínica.

Hay que ser especialmente ruin para ordenar una busca y captura de un hombre enfermo de 84 años, internado de gravedad en un hospital para ponerle un marcapasos.

El tiempo, las investigaciones, las pruebas de UDEF han demostrado-y de ahí mi sólida defensa del empresario, amigo ya por quien tanto he luchado- que él no fue culpable de la hecatombe de Nueva Rumasa siendo otros quienes, quizá involuntariamente, dirigieron un transatlántico contra la escollera de la impericia y la falta de prudencia.

Una vez embarrancado todo, el empresario intentó arreglar desesperadamente el daño causado cuando él había pensado  que podía retirarse dejando la herencia empresarial en buenas manos. Esa fue su equivocación, como así me ha confesado tantas veces.

Me avergüenza este país de mierdas encumbrados con el banquete multitudinario que supuso la delictiva expropiación de Rumasa y me asquea que un hombre que ha trabajado toda su vida, sin otra pasión que crear empresa y empleo, sea denostado de manera tan injusta como repulsiva en un país de envidiosos que quizá merezca la puta suerte que le ronda.

No creo en la Justicia de togados comprados por la inmundicia política que ha vivido muy bien, repartiendo las riquezas de Rumasa a muchos malnacidos que se han erigido tramposamente como hombres importantes de una nación cuyos pilares se sostienen en la hipocresía maldita de la que hoy es víctima, como siempre, D. José María Ruiz-Mateos y Jiménez de Tejada. 

Se ha batallado lo imposible para que pueda pagar a los Inversores que él no arruinó, siendo hombre de honor que asumió para sí las responsabilidades de un perjuicio ajeno. Dios quiera que vea recompensada una vida de innúmeros sacrificios, traicionado permanentemente.

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