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martes, 18 de marzo de 2014

Respuesta a las declaraciones de Antonio Biondini en Espejo Público



 Dios sabe que estaría más tranquilo y menos indignado si fuese capaz de no reaccionar ante la falacia o la ignorancia que, en ambos casos, son factores proclives a desencadenar consecuencias igual de dañinas. La salud me lo agradecería. No es que me busque problemas, es más bien que no puedo permanecer impertérrito ante las injusticias y más si está en juego la vida de miles de personas y la dignidad de una persona injustamente tratada después de trabajar genialmente por crear empleo y defenderse de una corrupción generalizada de la que fue víctima de modo vil e irrepetible. Acaso fue tal el descaro de lo canallesco con Rumasa que no hay imprudencia delictiva capaz de repetir tan sucia componenda. Basta que se mantenga en el tiempo con una justicia amañada, parcial, cuadriculada y no ciega, sino tuerta a conveniencia.

Biondini tampoco brinda justicia a su suegro pretendiendo dar por acabado a un luchador nato que no se rinde. No  es cierto que haya un estancamiento en el recuerdo que lo incapacite a nivel cognoscitivo. D. José María no ignora lo sucedido con Nueva Rumasa, como tampoco olvida el latrocinio de Rumasa hace treinta años. El sufrimiento padecido ha derivado en la consecuencia de no creer, con razón, en ninguna justicia. Sólo usa la práctica racional sin prescindir de la emocional, harto de tanto engaño histórico.

Lo cierto es que en España las malignidades de unos son sufridas en consecuencias desorbitadas por los que menos tienen culpa. Ejemplo de ello es lo sucedido con Nueva Rumasa y los Inversores, de recuerdo perenne todo este tiempo en que se ha trabajado para poner fin a esta pesadilla.

Llevo junto a D. José María dos intensos años de batalla sin descanso para calmar los ánimos, sí,  pero con la consistencia de un trabajo muy serio desarrollado bajo los auspicios de una voluntad férrea.  La gran envergadura de las soluciones tratadas, más allá de la indiferencia o la ígnara mala intención de no pocos elementos disuasorios, podría ser de carácter épico porque el sacrificio de diario a espaldas del mundo-entre las cuatro paredes de un sentido de urgencia agobiante con tensiones por conseguir objetivos vitales, por ascender los peldaños de una escalera de planificación profesional con el vértigo del más alto nivel- ha sido verdaderamente desquiciante, luchando contra toda clase de obstáculos con la espada de Damocles permanente del riesgo a perder la continuidad de unas gestiones harto dificultosas ya sólo en el plano técnico.

Los problemas y las demoras, así lo he manifestado, han sido causados por codicias, egoísmos rayanos en la criminalidad y la tendencia parasitaria a aprovecharse de un drama para llevarse un insaciable bocado. 


Según Biondini, pretendemos calmar el ánimo de miles de personas angustiadas sin realizar ninguna gestión; nos cree ejecutores de esa deleznable mezquindad que supondría un repugnante exabrupto moral del que nos acusa sin menor atisbo de conocimiento de causa, ni falta que le hace. La necedad no necesita conocer para creer que sabe.

Desmiente esa falacia los testigos de estas batallas, siendo Inversores que han apoyado esta ardua labor dificultosa en extremo y no exenta de riesgos, como bien saben ellos.

Estos amigos Inversores sí conocen los pormenores de tan agotadora labor, a diferencia del beligerante yerno del Sr. Ruiz-Mateos. Ellos han ayudado mientras que el otro ha estorbado. Antonio Biondini no ha formado parte del plantel de profesionales, abogados, empresarios, banqueros, juristas, CEO´s etc. que han constituido una maquinaria en negociaciones de gran calibre con el fin de subsanar los muchos daños derivados de la caída de Nueva Rumasa, provocada más allá de la responsabilidad de D. José María.

Desde ese simplismo recalcitrante no tiene derecho ninguno a romper la esperanza de los Inversores, cuando su único mérito ha sido cantar a la inutilidad como las cigarras, con tono malhumorado, en tanto las hormigas se han afanado, con cariz constructivo, por conseguir avituallar de respuestas más allá de la apariencia de la imposibilidad. Se ha trabajado a destajo bajo la martilleante cantinela de los derrotistas. Había que intentarlo y eso es lo que se ha hecho. Una larga travesía por el desierto que puede encontrar su oasis.

Calla en su intervención el Sr. Biondini las muchas intrigas pergeñadas, más allá del interés humanitario de responder por los Inversores, para consumar un plan de acción jurídica que lleva el fin de litigar por la cantidad de 250 millones de euros. Él perdió algo más de un millón y luego dos millones de la casa hipotecada. Hasta 250 millones hay un trecho en el que quizá se extravíe la moralidad para explicarse sin dejar de lado a los Inversores que no parece que le importen nada. De ahí su ligereza para simplificar los esfuerzos ajenos que no le competen; será el puro desinterés por lo que no sea o considere suyo.

Al margen de lo sucedido que la Justicia habrá de dirimir en este endiablado entresijo de intereses contrapuestos, es perentorio para D. José María hallar el modo de resolver la dramática situación actual. Eso es justamente lo que se ha trabajado sin descanso al margen del desinterés y el voluntario desconocimiento de personas como Antonio Biondini.

José María Ruiz-Mateos padece Parkinson, pero de tonto no tiene un pelo. Aprovecha las aparentes carencias para usarlas en su provecho y saber, en constante experimentación, quién es quién del entorno; conocedor de la hostilidad circunstancial no comulga con ciertas actitudes alejadas de sus deseos de pagar. Es lógico que no muestre sus cartas si alguien no quiere acompañarle en su juego. De este modo ha auscultado permanentemente a amigos y adversarios hasta constatar con quién puede contar.Sabe perfectamente quién es su yerno, sin confusiones mentales.

 
El Parkinson afecta a a la forma de la expresión pero no al fondo de la comprensión. Existe un abismo en la intención de la enfermedad respecto a otros en la intención de darle por demente. La ventaja del Parkinson es que da tregua después de los más virulentos ataques. En nada se parece D. José María, un día de otro,  durante ese ir y venir de la enfermedad que también le deja respirar en ocasiones.
 

Su salud se deteriora en el caminar, en los movimientos, en el intento de recorte de su valiosa funcionalidad, aunque sigue haciendo ejercicio para ganar la pelea contra su dolencia, día a día y de modo admirablemente disciplinado. Es consciente de que el enemigo pretende ganar terreno al músculo, aunque pugna por mantener su cabeza equilibrada.  
Por tanto, D. José María está enfermo de Parkinson,sí,  pero es consciente de la realidad por muy compleja que sea, incluso bregando con la intencionalidad de otros por  adjudicarle esa incapacidad y así  dejar expedito el camino hacia la conquista del litigio con fines netamente personalistas.

Afortunadamente el empresario permanece en la consciencia del compromiso de pagar y así hemos obrado con ese objetivo este tiempo. Nadie previó que fuera fácil pero la escalada ha sido constante y sin un paso atrás. Si Dios quiere nos llevará a la cima de los esfuerzos culminados en una victoria por la Justicia verdadera que se le negó toda una vida. Esa cima sólo se conquista pagando; bien lo sabe.
 

Continúe Antonio Biondini porfiando por conseguir lo que considera suyo, pero no a base de avasallar planteamientos de solución general, tan alejados de su conocimiento como de sus intenciones. Por consiguiente, afirmo con resolución que sigue vigente la expectativa de anunciar el fin de esta pesadilla, pese a quien pese.
 


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