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lunes, 10 de marzo de 2014

¿Por qué el intento de dinamitar las soluciones?




Reconozco haber sido ingenuo durante este tiempo en que me volqué con D. José María para trabajar sin descanso en la gestión y acción de las medidas emprendidas para buscar soluciones.

  Se me intentó comprar, manipular, usar en provecho propio, amedrentar y, dado que nada surtió efecto deseado, se me hizo la vida imposible para abandonar a D. José María en su empeño taxativo de pagar a los Inversores. El acoso y derribo fue permanente, sin poder defenderme por anteponer a los Inversores y a D. José María siendo leal a mi propósito con ellos.


  Durante ese tiempo en que nos reuníamos con unos y otros, analizando posibilidades, planificando opciones en el análisis de las circunstancias, no advertí que el enconamiento contra mi persona no era una puntual actitud fruto del nerviosismo derivado de una situación de radical emergencia. Aunque soy de actitudes cristalinas, debí guardarme del acecho de los lobos que en principio surgieron como solícitos mansos interesados en erradicar un drama humano que, además, conllevaba el honor y la dignidad de un gran hombre como es D. José María Ruiz-Mateos.

  Todos sabíamos que él no era el responsable de la debacle. Que asía el timón de Nueva Rumasa y gobernaba la nave pero en la confianza de recibir las necesarias coordenadas de eficaz orientación una vez delegada la responsabilidad de guía. Todos conocían la sorpresa del capitán de barco que no daba crédito a lo que sucedía cuando encalló en los arrecifes y que intentó de buena fe salvar el naufragio sin conocimiento verdadero de la situación extrema del desastre que nunca imaginó. 

De haber advertido que era imposible la reflotación, no habría consentido medidas que consideraba factibles a tenor de su excelsa experiencia en gestión de empresa y finanza. Cuando percibió la magnitud del mal, la verdadera e irreversible para él desconocida,  ya era demasiado tarde.

  Todo eso lo sabíamos los que luchábamos a su lado, hasta que descubrí que no conformábamos un equipo unido para solventar la gran problemática y limpiar el buen nombre de D. José María ante los Inversores; cada ambición, codicia y egoísmo personal poseía sus propios planes.

  La defensa a ultranza de D. José María se convertía en una función tan primordial como trabajar bajo las directrices del empresario para encontrar una proyección en el empeño de satisfacer las deudas de los pagarés. Pronto me tuve que dar cuenta de cuán vital era esa defensa de la persona que represento en el privilegio de batallar a su lado, cuando comprobé que los ataques no sólo provenían del desconocimiento público de su identidad personal y profesional, sino que además la ofensiva partía de gente más allegada.

  La falacia de que D. José María padecía una demencia senil, pretendía dejar expedito el camino hacia una planificación jurídica en la que intentar sacar el máximo beneficio prescindiendo de la solución global del pago a los Inversores, por ende único modo de limpiar el honor del Sr. Ruiz-Mateos.

  Así pues me vi forzado a defender de continuo la verdad sobre la salud del empresario para que nadie vulnerara esa barrera de contención basada en la responsabilidad por los trabajos emprendidos para erradicar el infierno.

  La consigna consistía en crear dudas sobre su salud mental, ya fuera comunicándolo a  periodistas, bienintencionados unos como de nefasta intención otros, para que propalaran esa demencia senil que permitiría a otros tomar las riendas con la insana intención de conseguir sus propósitos por encima de la voluntad del propio D. José María que vive día a día para satisfacer los pagos de los pagaretistas.

  En ocasiones se creaban encerronas de entrevistas guiadas previamente para conseguir la intención de que luego se publicara sobre la incapacidad mental de un muy lúcido José María Ruiz-Mateos.

  Él mismo me dice que el Parkinson afecta a la manera en que se expresa pero en absoluto al fondo de lo que piensa. Pocos imaginan cómo el genial empresario escudriña a cada uno de los que le rodea bajo el velo de su enfermedad que le permite disimularse para saber quién es quién.

  Si se ha pretendido dinamitar el proceso de las soluciones es porque muchos creen que ganarán más en litigios, ora con querellas directas ora con actuaciones legales en representación de los Inversores. Nada que argüir sobre estas últimas porque es del todo necesario que los Inversores cubran sus necesidades legales dada la incertidumbre imperante que les obligó a defenderse; todo ello siempre y cuando los abogados cumplan sus cometidos y no se limiten a sacar el dinero para luego dejar en la estacada a sus clientes, como me consta que ha sucedido.

  Sobre los litigios, pasando por encima de D. José María, engañando sobre su verdadero estado de salud, creo que la obras y las palabras de esos oscurantistas propósitos se hacen entender mejor cuanto más se manifiestan, dejando claro lo que importan los Inversores a cuantos pretendieron acabar con las esperanzas ya que el proceso de siembra de soluciones está en espera de que dé sus frutos.

  Dios, con el tiempo, pone a cada uno en el lugar que le corresponde. El espacio de compromiso de D. José María es firme e inmenso, por mucho que otros se empeñen en incapacitar su consciencia preclara y siempre vigente.

1 comentario:

JOSE A. dijo...

Querido Ignacio, lo dejas todo muy claro para que entendamos la verdad del retraso en el pago.- Cierto es que surgieron en el camino alimañas de todas clases dispuestas a devorarte, pero has permanecido indemne por tu integridad y honestidad.- Todos sabemos del enorme esfuerzo que has realizado y ahora deseamos ver culminado tu intenso y extenso trabajo.- Seguro que lo lograrás y nosotros contigo. Un abrazo.-