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jueves, 14 de noviembre de 2013

Justicia sospechosa contra Víctimas del terrorismo y Rumasa



   
   Ahora tocaba arremeter contra las Víctimas del terrorismo cuando antes fue con Rumasa. Era cuestión de tiempo que la hipócrita condición de una judicatura de conveniencias quedara con la vergüenza al descubierto, ni más ni menos que acelerando un proceso de excarcelación de terroristas y, por ende, de presos comunes peligrosos para justificar la estafa jurídica. El plumero sectario hay que disimularlo aún a costa de la seguridad del país y del pueblo que soporta tanta indecencia devenida de tribunales poco limpios y desastrosamente evidenciados.
 

 Cuando el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó al gobierno español por la falta de garantías procesales que se practicó contra José María Ruiz-Mateos, los jueces españoles se abstuvieron de acatar el mandamiento puntualizando que no estaban subordinados a ninguna sentencia proveniente de Europa. Al suceder esto el bagaje de corrupción manifiesta ya se había acrecentado con un Tribunal Constitucional que dio por bueno el decreto ley, sacado de la manga del felipismo, que hizo posible la canallada de un expolio que durante treinta años se ha silenciado, con el permanente vilipendio de la víctima que fue un empresario y financiero que jamás pudo defenderse con un juicio justo.

  Para escarnio de la Justicia debida en España, la inexistente, Ruiz-Mateos fue absuelto en 1997 de toda imputación y quedó en evidencia la miserable carga del socialismo felipista contra un  Holding Rumasa que alimentó una voraz codicia generalizada con reprivatizaciones de auténticos delincuentes que se habían hecho, sectariamente, con el poder judicial. De ahí la descarada indefensión de una Justicia perfilada de vergüenzas calladas que ahora se gritan con visceral indignación por parte de las Víctimas del terrorismo.

  Pasados treinta años y con la evidencia más repugnante de cinismo rayano en lo criminal, las togas han avergonzado nuevamente a la ciudadanía poniendo en la picota el respeto a resoluciones judiciales propias de presuntos delincuentes y enemigos de la básica decencia jurídica.

 Nadie piense que es demagogia asociar a las Víctimas del terrorismo con Rumasa, cuando tanto José María Ruiz-Mateos como ellas han padecido el proceso de criminilización a manos de los provocadores de sus sufrimientos. En este país existe la tendencia a culpabilizar y arrollar al inocente con trampas y ensalzar a los verdugos. José María es una víctima más, sólo que siempre estuvo indefenso ante un inmundo frente generalizado que lo ha anatemizado por defender sus derechos vilmente negados.

  Tribunales españoles versus Rumasa y Víctimas del terrorismo ahora, es una confrontación muy a propósito para cuestionarse la verdadera función de unos prevaricadores de continuidad, cuyas sentencias escandalizan hasta la visceral irritación, develándose el perpetuo favoritismo de los fingidamente imparciales togados que han convertido lo digno en una sospecha acrecentada de servilismo impune, al servicio de una estafa nacional que cubre desde el ámbito económico hasta el político y social.

  No hay credibilidad en aquello que se vislumbra pútrido y atufa a prevaricación permanente. Bastaba que los mismos jueces se pusieran en evidencia para descubrir que no hubo, en casos flagrantes, Justicia en España y así fue disimulado hasta que lo evidente se convirtió en una revelación inequívoca de lo que ha gestado la ruina de todo un país. Lo sucedido con Rumasa y el posterior acoso y derribo brutal pergeñado contra Ruiz-Mateos, son los antecedentes de lo sufrido ahora por las Víctimas del terrorismo. Los argumentos no son divergentes sino que se encuentran en el tiempo con la misma prevaricación y el oscurantismo que se ejercieron durante treinta años. Esto no viene de ahora.


 En el 2013 ha emergido el sectarismo después de actuar en las sombras de la aparente normalidad jurídica que nunca ha existido en España.    Paradójico que los que deberían estar encarcelados-según se oye a pie de calle- dicten sentencias que excarcelan a los que se han convertido en sanguinarios jueces del futuro de los ciudadanos. Si algo tan evidente como el expolio de Rumasa salió bien a criminales disfrazados de políticos, no debería extrañarnos que los asesinos gobernaran  los destinos del país que masacraron. Y no me refiero sólo a los estrategas y manos ejecutoras del terrorismo etarra, pues el 11-M-por mucho que se pretenda enterrar- no está aclarado y es gracias a jueces como los que hoy han dictado sentencias contra los inocentes y desprotegidos; jamás habrá de olvidarse esta demoledora infamia por la que deberían ser juzgados para vergüenza y asco de sus memorias.

  Resulta harto curioso que a raíz del 11-M los más beneficiados de un supuesto crimen islamista pertenezcan a una banda terrorista que ha obtenido favores radicales ,después de que Zapatero tuviera conversaciones con ésta tres años antes de acceder al gobierno. Curioso.


  Las piezas del puzzle son más que evidentes, como las de Rumasa en su momento, y el 11-M puede que tenga  mucho que ver con las excarcelaciones actuales, del mismo modo que la impunidad de un latrocinio como el de Rumasa haya podido costar después la ruina a todos los ciudadanos por no extirpar un cáncer, contra la separación de poderes, creado por el socialismo felipista.

  De ser realidad tanta sospecha podemos  deducir que esos puzzles complejos están mal montados, aunque  las piezas son correctas. Durante décadas de oscurantismo e injusticia alguien se ha  encargado de remover los rompecabezas para que nada ajuste y ocultar los crímenes que en España se han perpetrado impunemente, pero sabemos al día de hoy, delatados, quiénes los han removido.

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