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sábado, 8 de diciembre de 2012

De cómo D. José María habría conseguido ya Justicia por la expropiación delictiva de RUMASA





Son oscuros y de responsabilidad ajena los acontecimientos que han sucedido en la vida de D. José María: La traición de hace tres décadas y la indefensión de un Sistema cómplice que le arrebató de la manera más sucia un  patrimonio trabajado con integridad, como lo demuestra de manera taxativa la exculpación de imputaciones en la década de los noventa. Pero la necedad es proclive a la sospecha in aeternum y ese sambenito se le ha colgado injustamente al empresario y financiero.


No es extraño que José Oneto, con esa necedad tendente al  sectarismo histórico que representa, siga con ese criterio equívoco de que D. José María chuleó a la Justicia este verano. Se han explicado las causas hasta la saciedad, aun con la consciencia de que los ignorantes de solemnidad no atienden a razones y son como asnos con orejeras; tiran para delante y lo mismo les da dejar de lado la objetividad. La presuntuosidad de esos cantamañanas bastante inútiles que se han pasado décadas aconsejando con la sabiduría de lo ineficaz-así nos pinta en bastos-, da cuenta del devenir de un país desolado con ese continuo trinar de los "expertos" que ocultan ser pájaros de cuenta. Así que es normal que esa fauna periodística de lo irresoluto no conozca al verdadero Ruiz-Mateos que denunció con absoluta dignidad, sacrificio y con sentido del humor, sobre todo, el brutal expolio del que se beneficiaron no pocos profesionales de la “desinformación”.


El flequillo teñido del gran entendido histórico de monsergas especializadas, es tan singularmente esperpéntico como el criterio comprado de quien no es de fiar en una democracia donde nada es lo que parece ser y son muchos los serviles encargados de mantener el disfraz con el engaño pertinaz del interés personal al servicio de la intoxicación informativa.

D. José María, a ver si nos enteramos al margen de ese cinismo y esa hipócrita condición de tanto ciego, sordo y mudo y bocazas, -como los famosos simios al que habría que añadir otro a cuenta de alguna fauna periodística- que hay entre esos que se llaman entendidos de la información, no fue un burlador de la Justicia, no señores; se burló de la injusticia, de la corrupción maliciosa que se orquestó contra él para que muchos energúmenos se beneficiaran de la asolación de Rumasa.

Es vergonzante que a sus 81 años pida ingreso voluntario en prisión-como tantas veces hizo anteriormente- para que se averigüe, con un juicio justo, lo sucedido en aquellos inmundos años del felipismo bajo los auspicios criminales de Valls Taberner, ex presidente del Banco Popular, bien untado entonces con la delictiva expropiación. Treinta años sin ser juzgado de verdad, cuando fue exonerado de toda culpa, absuelto de todo delito, sin que nada ni nadie haya hecho nada práctico y legal para devolverle lo que era suyo. España guarda en este trance, junto a otros evidentes, las sucias malicias del teatral engaño democrático al que han sometido a la inocente población; tan inocente como D. José María. 


Ante los últimos acontecimientos con la detención de De Cabo, la defensa de D. José María ha de ser cerrada y concreta, argumentando las razones de su integridad e inocencia que llevo defendiendo intensamente con este tiempo de Justicia que me ha deparado estar a su lado, como testigo de excepción de los vientos y mareas con los que tiene que bregar a estas alturas de su vida.

Por lo pronto habré de recordar que D. José María pidió la devolución de las empresas a de Cabo por incumplimiento flagrante de responder por los Inversores. No siendo partidario de la cesión parece que hubo otro entendimiento en la conclusión del contrato, ajeno a la voluntad de sus designios empresariales cuando se encontró por sorpresa que su herencia laboral entraba en procesos concursales.

Siempre lo he dicho y no hay lugar a equívocos: él no generó los problemas pero busca incansablemente la solución.


Sin duda, es un ingenio luchador dotado de una gran nobleza. Un día, en esas largas horas de comunicaciones en confianza que da la reflexión  compartida durante el largo batallar que nos compete, quizá por destino aunado, le comuniqué a D. José María que su corazón no se equivocó en defender con humor su honor y dignidad y el patrimonio por el que luchó toda una existencia. Sin embargo, considerando a los cretinos beneficiados del crimen de Rumasa, a los ignaros que le siguen atacando con rabia propia de la envidia desaforada, desde el punto de vista mundanal que estilan una pandilla de recelosos proclives a la idiocia colectiva, se equivocó por no ser de la misma baja ralea que sus adversarios hipócritas.



A tenor de la corrupción al descubierto de este país que oculta sus infamias tras apariencias honestas que son camuflaje de las peores actitudes delictivas-y en aras de lo práctico y efectivo-, D. José María debería haber comprado un ejército de mercenarios y pasar a sangre y fuego el cinismo de una España vergonzante. En vez de capones, tartazos, puestas en escena y circos a propósito para que nadie olvidara la canallada a la que sometieron cobardemente su proba existencia, las bombas, los tiros a la cabeza, la mutilación multitudinaria hubiera sido con certeza el camino más práctico para recuperar lo robado.


Seguramente Felipe González no existiría, ni Boyer;  alguna diva ridícula no hubiera explotado su parte de carnaza de Loewe y Valls Taberner no se hubiera extinguido en paz después de una existencia tan pútridamente amoral. Los banqueros no hubieran escatimado en gastos para blindar sus rutinas. Rafael Termes tampoco hubiera muerto naturalmente y los jueces se hubieran silenciado de maneras más obligadas que con vergonzantes silenciamientos de un orden jurídico amañado. Mundanalmente hubiera sido una fácil estrategia porque muchos fueron los abocastros que vivieron muy bien expoliando una vida ajena y dejando en indefensión a la víctima.


La experiencia de la corruptela gubernativa demuestra que el Sr. Ruiz-Mateos hubiera sido mucho más respetado por sus críticos si hubiera ordenado asesinatos. Las negociaciones de armisticio se hubieran tomado como una seria alternativa de paz democrática. Se hubiera firmado un reconocimiento público culpabilizando a tanta gentuza de latrocinio contra Rumasa y hasta estaría representado un partido político en las instituciones democráticas como sucede con el brazo político de una organización terrorista.

Ésa es la verdadera democracia que nos asiste y así nos va con tanto engaño.

Se equivocó respecto a no tomar las medidas de maldad con la que se rigen sus enemigos, pero acertó en el empeño de lucha con tan significativo carácter de excepcional bonhomía.


Sin embargo los consejos de un corazón noble, generoso, entregado e incapaz de daños perpetuos, malograron la practicidad que hubiera encumbrado a D. José María Ruiz-Mateos como prócer de la patria al estilo Felipe González, el mangante del 10% del PIB español, o de Zapatero advenido al poder con una matanza sin autores intelectuales que el vergonzante Fiscal General del Estado da por caso cerrado... y tantos honorables chorizos que han arruinado desde la banca, la política y la judicatura a millones de españolitos de a pie.


La suerte de tanto imbécil suelto es que D. José María ha sido siempre providencialista, moral, bienintencionado y luchador de armas sin filo. De ahí que sea tan denostado por gentualla que no le llega ni a la planta del pie descalzo con el que tuvo que andar durante este verano con un dedo del pie roto. Que el forense de Palma fuera un cretino no fue su culpa.


Visto lo visto y con las expectativas existentes, habrá que defender con más fuerza la nobleza de un hombre que está al margen de las problemáticas tormentosas cuando él ha sido siempre faro para ayudar a su prójimo. D. José María merece el privilegio de la dignidad y el honor con las que jamás erró en el trasfondo de su alma; así de indefenso se ha mostrado  ante tanta estupidez ajena, pero como él siempre me dice: “nacho, si Dios lo quiere así, Amén, por muy duro que sea”.


En tanto seguimos, con su incansable voluntad, luchando por los Inversores, lo único que le importa más allá de cualquier circunstancia.

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