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jueves, 6 de diciembre de 2012

La Constitución: el escenario disimulado de lo criminal




Al principio colaba el honor constitucionalista, junto a la democracia estrenada con el derecho a voto para elegir nuestro destino. A estas alturas del cuento y con el bagaje vergonzante de nuestro devenir como país, lo pútrido ha aflorado creando una peste de difícil disimulo. Los fastos por el orgullo de de nuestra  identidad constitucional son de un cinismo repulsivo con tantos cadáveres que se han dejado por el camino, manipulando al antojo la Ley y la Justicia que se han descubierto en España con ese sesgo delicuescente propio de repúblicas bananeras si es que repúblicas tan ridículas pueden tener comparación con España. Porque si algo ha quedado consistentemente demostrado con el balance de treinta años es que este país es soberano en hipocresía, cinismo, actividad delictiva de gran calibre encubierto por una Justicia amañada; los politicastros han sido protagonistas del mayor engaño que ha terminado arruinando a la ciudadanía y no hay institución noble que no haya camuflado codicias inconfesables aprovechando el régimen democrático para, desde las sombras, conseguir fines totalitaristas a espaldas de la voluntad del pueblo.

Ayer mismo el Fiscal General del Estado fue representativo payaso de este circo del crimen que es España afirmando que para él el la matanza del 11-M era caso cerrado. Esa hipocresía criminal ante un caso que en absoluto está resuelto ha sido la sospecha desintegradora de una constitución de pacotilla en la que muchos han encontrado la excusa perfecta para delinquir con apariencia de legalidad.

Como autor literario, escribí un ensayo que es grano entre la mucha paja de los que se montaron el kiosko editorial para afanarse en el lucro usando como pretexto los 192 asesinados. Sé de lo que hablo y por ello aún me parece más deleznable la villanía cobarde con que Torres-Dulce se ha expresado.


La matanza del 11-M es un paradigma del engaño multitudinario que se perpetra impúnemente quedando como vergüenza residual de nuestra proyección como país que, lejos de celebraciones, debería obligársele a penitencia empezando por la gentuza que convirtió el espacio político en un terreno abonado de corrupción a muy alto nivel; tan alto que hasta la compra de la Justicia fuera posible empezando por la politización de los órganos judiciales. El Tribunal Constitucional, con ciertos elementos de repulsiva existencia jurídica, es la vergüenza que arrastramos desde la arbitrariedad repugnante que ratificó la expropiación del Holding de Rumasa.

Misterios sin resolver como la intentona golpista de 1981 no son motivos para henchirse de orgullo y emocionarse por un desarrollo constitucional absolutamente falaz y dañino. Los resultados, después de tanto disimulo democrático, no pueden ser más nocivos para nuestras expectativas como país. 

Da vergüenza haber nacido en el mismo lugar patrio en que tantos malhechores se han convertido en respetables ciudadanos a base de esquilmar a la mayoría con la boca llena de conceptos de justicia social, integridad democrática, honor, dignidad, derechos de los trabajadores y demás pamplinas rimbombantes de tantos miserables tras los atriles que han hecho lo que les ha salido del coño de la Bernarda. Gentuzas de un memorial constitucionalista donde muchos han sido vomitivas experiencias generalistas que, uno por uno y afectando a circunstancias personales,  los españoles han tenido que regurgitar después de trasegar con monsergas legales, democráticas, por el bien común, por el orden jurídico, por la ley que nos rige a todos, por la satisfacción de la ciudadanía, la querencia de la integridad de los gobernantes, el Estado del bienestar y cuantas vaciedades y estulticias se les ha ocurrido a una caterva de ladrones, estafadores y tramposos con ventaja que, en el caso de Felipe González llegó con una patraña golpista para incitar al voto masivo en las urnas y el de Zapatero con una brutal matanza que no tuvo nada que ver con células islamistas que sí fueron reclutadas por confidentes policiales.

Misterios como la expropiación delictiva de Rumasa donde inmundicias de la política, la judicatura, la empresa y la política saquearon a D. José María con una impunidad descarada, son esos sucesos que miran a nuestra Constitución con un recelo justificado y convierten a tantas dignas y aparentes letras en un libreto orquestado para que la listeza de muchos majaderos se imponga por encima del criterio democrático e igualitario que debería habernos regido estos años.

El Sr. Ruiz-Mateos fue expoliado de la manera más infame siendo el antecedente de la ruina económica a la que se abocó después a millones de ciudadanos. No fue casualidad la matanza del 11-M , el advenimiento de un inicuo majadero como Rodríguez Zapatero y las medidas destructivas que en ocho años nos convirtieron en el hazmerreír del mundo y en un país empobrecido y de difícil futuro.

 No fue casualidad la expropiación delictiva de Rumasa y que treinta años después-y ya exculpado de imputaciones desde 1996- no haya un juez digno que se haya encargado de escudriñar las suntuosas rateras donde se esconden Felipe González, Boyer y tantos elementos criminales como lo fue Luis Valls Taberner que llevó durante dos años al confiado D. José María hacia la brutal trampa de la que se lucraron no solo los anteriormente nombrados sino tantos y tantos parásitos que hoy mismo celebran el digno día de la Constitución que les surtió de todas las artimañas para robar y delinquir masivamente ,en nombre de la dignidad democrática que a todos nos une, ja.  Hoy no es día de celebración, sino de rememorar las muchas vergüenzas de esos llamados próceres de la patria que son criminales sin castigo. 

¿Qué país puede considerarse digno cuando expolia a un ciudadano que, resultando inocente de toda imputación, ingresa voluntariamente en la cárcel y pide ser juzgado para que se averigüe la realidad y responsabilidad de quienes le destrozaron delictivamente su vida personal y profesional? Eso es de un país visceralmente hipócrita, ayudado de una envidia tan proclive en esta España que destroza a sus ingenios.


 Todo es muy oscuro pero todavía se puede albergar fe en la Justicia por la masacre del 11-M, cuando un cobarde como Torres-Dulce deje su cargo por inútil y un juez en condiciones y presentable haga su labor con gallardía histórica.

Aún cabe la reparación de los daños por el brutal expolio contra D. José María que el tiempo ha demostrado completamente injustificado. Él ahora solo quiere responder por cuantos confiaron en él.  Si hay Justicia existe la esperanza, una esperanza que es lo único que nos queda, observando el realista escenario constitucionalista  que tanto ha hecho padecer a las innumerables víctimas de este engaño histórico.

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