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jueves, 2 de agosto de 2012

Un dedo roto como la salud: La imagen de un padecimiento que , aunque menos que el moral, también duele ferozmente






Al margen de especulaciones o criterios subjetivos, lo cierto es que una imagen vale más que mil palabras. Así lo pensé cuando D. José María se quitó el calcetín por las molestias que le causaba su dedo roto del pie. Inexplicable fue el cambio de orientación profesional que la forense expresó en certificado médico, cuando comentó con las enfermeras que no entendía como una juez citaba a declarar a un hombre de avanzada edad,  convaleciente y con sufridas dolencias. Creo elegante callarme lo que pienso sobre dicha forense.
Por otro lado debería saberse que un dedo roto del pie no puede inmovilizarse y necesita principalmente reposo.

Cuando vi el pie de D. José María no pude evitar un sobresalto, habida cuenta de que soy sabedor de lo muy sacrificado que es la persona a quien represento, con el privilegio de conocerle más allá de las falsas apariencias de la opinión pública. No pienso describir lo que vi en primera instancia-lo mostraré gráficamente-pero sí rememorar ese sentimiento de indignación ante la locuaz ligereza de no pocos tertulianos de programas de sobremesa. Tristeza y visceral.
El pie de José María me consternó. La imagen me había dejado estupefacto y pregunté a D. José María si podía realizar unas fotos con el móvil para mostrar esas sufrientes dolencias que no se creía una jueza y que una forense había desdeñado. Al margen de especulaciones, me ahorro calificativos para mostrar mi desacuerdo e indignación ante tantas especulaciones desinformadas, moralmente desinformadas.

Tomé fotos dolido por las circunstancias... cuando recordé que los profesionales de la información estaban frente a la puerta de la residencia. Entonces pensé que no habría mejores testigos, fehacientes, taxativos y reveladores que las cámaras de los profesionales. Afuera esperaban, acomodados en una Citroen Picasso, Marcos y Miguel, cámaras para informativos de La Cuatro y Tele Cinco. Sorprendidos, les comuniqué como portavoz de D. José María que la perseverancia conllevaba premio.

Excelentes profesionales fueron bien recibidos, conscientes todos del meritorio trabajo que desempeñan a sol y a sombra, y se dispusieron a tomar imágenes que obran en poder de sendos informativos de los que dependen su difusión. De los medios ya conocemos cómo las gastan algunos en manipulación y algún inescrupuloso redactor podría usar el material grabado para titularlo, si es que se dignan a informar:"NUEVO RETO DE RUIZ-MATEOS A LA JUSTICIA". Lastimoso.

Todo es mucho más sencillo. Puesto que nadie valora el terrible daño psíquico padecido toda una vida por D. José María, que le lastra el ánimo aun con una entereza asombrosa, ha de alegar sus reales dolores o los accidentes padecidos de manera inoportuna. La tortura moral de ser saqueado brutalmente sin que exista Justicia para la canallada delictiva de la expropiación de RUMASA tampoco vale. No importa sino el presente para juzgar una operación financiera cuyos daños devienen de no poder finalizarla. A decir verdad el contraste moral es del todo eficiente para no creer en la justicia ciega, ésa que en España es para muchos un paripé engañoso de cara a la opinión pública. Me gustaría un país donde el derecho a defenderse fuera una realidad.



Marcos y Miguel hicieron su trabajo y como portavoz realicé una declaración ante la cámara:

"Al margen de especulaciones o criterios subjetivos, una imagen vale más que mil palabras. Las dolencias alegadas son reales, agravadas, y viajar a Palma entraña dificultad que no supondría una declaración en los cercanos juzgados de Pozuelo de Alarcón, en Madrid. Ninguna de las alegaciones anteriores fueron falsas, si bien el ánimo tampoco.En todo caso, D. José María se presentará en los juzgados de Palma el día 23 de Agosto y todo problema de salud derivado de la comparecencia será de responsabilidad judicial".

En tanto, tertulianos de programas matinales afirmaban que D. José María burlaba a la Justicia y se encargaban de ejecutar sentencias severas sin considerar las muchas injusticias padecidas. Es inevitable la tristeza ante tanta ceguera, pero hay que perseverar en el empeño por dar a conocer las circunstancias y al personaje que la opinión pública desconoce.

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