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domingo, 6 de mayo de 2012

En defensa, sin medias tintas, de José María Ruiz-Mateos.


 El mérito de la grandeza batalladora estriba en plantar cara a un enemigo poco osado pero arteramente traidor. Pocos son los que confrontan con el arma de la verdad y demasiados los que evitan mirar al enemigo de frente y en buena lid, al menos como dignos adversarios. En España hay mucha basura y hiede tras los estrados influyentes que terminan apestando el país. José María Ruiz-Mateos bien lo sabe; sabe quiénes se esconden tras la codicia y la ruindad para no callarlo. Eso no se perdona siendo ínfima la talla de sus mendaces contendientes.
 Por la espalda atacan las manadas carroñeras y proceden de sectores políticos, jurídicos y bancarios en esta España donde la honradez influyente paga cara la osadía. Ahí es nada, batallar contra la traición dando la cara que muchos esconden tras la apariencia de lo digno, siendo sólo viles rastreros sin otro valor que el botín de sus indecencias. Qué fácil es anatemizar a quien tiene derechos que le vulneraron siendo ofrecido en sacrificio al severo juicio popular, ése capaz de olvidar a conveniencia y reescribir la Historia bajo el dictado de sus propios verdugos.
La expropiación de Rumasa solo tiene de cierto el reparto de los restos a precio de saldo para que otros hicieran negocios multimillonarios con el tufo especulativo de lo parasitario. ¿Esa repugnancia en flagrante delito no se persigue? Sobre el enjuiciamiento del dueño del Holding sólo queda la rastrera evidencia jurídica de que jamás le han dado ocasión de defenderse ante un tribunal imparcial.
Ahora y sin considerar la primera traición contra Rumasa, cae una cuchilla del descrédito cuando se ha desfondado el viático crediticio que sostenía el Grupo Empresarial de Nueva Rumasa. Ahora el gran justiciero, cuyo trabajo levantado sobre la ruina de Rumasa ha sido aclamado durante treinta años después de la expropiación, ahora vuelve a golpearse de manera sutil su credibilidad de quien nada tenía que demostrar para garantizar su honorabilidad. Ahora el gran empresario al que se han arrimado amigos de todo color elogiando la defensa de sus intereses empresariales… ahora vuelve a sufrir el escarnio practicado con absoluta injusticia y esos “amigos” desaparecen por el mismo arte prestidigitador del engaño que supuso aquel 23 de Febrero de 1983.
Al pueblo le resulta fácil pedir que corten las cabezas sin advertir la cuchilla que pende sobre su propio cuello y vitoreando a los ejecutores de su miseria. ¡Qué mezquina ignorancia procurada por la envidia y el desconocimiento de la gratitud! José María Ruiz-Mateos traspasó las líneas de lo convenientemente mediocre y en el ingenio de su proceder empresarial topó con delincuentes justificados por las urnas.
José María Ruiz Mateos fue atacado vilmente, tras la excusa populista, para practicarle el saqueo de un Holding que se repartió canallescamente entre carroñeros invitados al banquete expropiador. El sistema arrasó con sus derechos y, lejos de arredrarse, él puso en solfa ese sistema regido por facinerosos tras siglas políticas y jueces prevaricadores que han ralentizado un juicio histórico de una canallada salvaje que fue la expropiación de Rumasa cuya responsabilidad delictiva de los que la propiciaron no ha sido juzgada.
Treinta años en una demora vergonzosa de un juicio histórico es la evidencia de que en España la Justicia viste togas como si fueran las túnicas de un aquelarre adorador de la mentira donde el justo no posee derecho a defensa. Porque otorgar la ocasión de la defensa a quien fue víctima de un latrocinio estatal, supondría dejar en evidencia la falacia de este sistema que devora a quien le viene en gana con el arbitrio de intereses ocultos a la opinión pública.
 Ir de frente contra los que buscan las espaldas no es un valor arraigado en esta sociedad española diezmada por complejos inconfesables que revestidos de sectarismo político disfrazan la poca dignidad que se pretende aparentar. El hecho de que muchos ladrones políticos sean respetados es una costumbre de ignorancia que el pueblo español ejerce sin vergüenza, confrontando con los verdaderos prohombres que buscan el beneficio común  ante la intolerancia de lo codicioso. Ahora la trampa se ha perpetrado de nuevo y el hombre digno que ya nada tenía que demostrar sobre los principios veraces de la dignidad, vuelve a estar en la picota. Nadie como él merece una defensa a ultranza de sus valores cuando vuelve a estar amenazado con apariencias falsarias y simplistas acusaciones sin considerar el origen del problema.
Es hora de confrontar con la falacia del mismo modo que él lo hizo. La apariencia engaña y es demostrable. Los amigos no abundan y los cantamañanas que asomaban ávidos de beneficios en la cercanía del empresario,  han desaparecido al ritmo del zapateado de la traición tan cobarde ella y que da aún más fuerza para defender un honor injustamente mancillado.
Todo está desafinado respecto de la realidad  y a muchos les conviene que no se entone un canto a la verdad. Así que es momento a propósito, para defender los derechos de un hombre cuyo interés primero es cumplir con los inversores y los trabajadores sin olvidar el vergonzoso expolio político con derecho a indemnización que el Estado no puede ignorar.
La dignidad de un hombre ante el voraz sensacionalismo y el trampeamiento sutil desde la traición bancaria, es la misma que siempre caracterizó a José María Ruiz-Mateos. Nada ha cambiado en quien ha sido admiración de cuantos ahora se esconden después de haber disfrutado las mieles de su amistad y el denodado trabajo para generar beneficios al país. No está solo ante el peligro que le procuran sus enemigos y en la defensa de su nombre, no.  Sin tibieza, hoy reivindico el hombre que siempre fue y miró por el mundo obrero en defensa de los mismos derechos que él ha visto vulnerados.
Ignacio Fernández Candela

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